Vigo, 09 de noviembre de 2009
Por Ángela Pol Villar
Comienzo mi andanza en e-politicae haciendo referencia a una película y a una anécdota que leí en un texto sobre Opinión Pública, (concretamente sobre la Teoría del Rumor), como ejemplos paradigmáticos de cómo la comunicación, bien o mal entendida y/o correcta o incorrectamente asumida y utilizada, genera definiciones de la realidad concretas y, al mismo tiempo, da lugar a actitudes específicas en los actores políticos con consecuencias, en ocasiones, irreparables.
Existe entre ambos ejemplos una clara diferenciación. Wag the Dog (Barry Levinson, 1997) simboliza la manipulación consciente de la Opinión Pública desde la cúpula del poder, se remite a la corrupción más miserable, a la prepotencia del que se considera con licencia para jugar con las mentes y los sentimientos de votantes y ciudadanos en general, a la maniobra política más sutil y maquiavélica. A la inteligencia, al fino eje definido por la conocida y manida máxima de El fin justifica los medios. Al arte mentiroso, pero al arte, al fin y al cabo, como herramienta de creación de conciencias, actitudes y movimientos sociales.
La increíble y triste historia del chino Li simboliza lo contrario: La ignorancia como caldo de cultivo de odios injustificados; muestra las posibles consecuencias de la malinterpretación de la realidad, los prejuicios (comprensibles o no) que impiden el surgimiento, tan necesario, del pensamiento crítico. Representa la enajenación de las masas bajo preceptos erróneamente concebidos y deja en la boca, lo mismo que Wag the Dog, un cierto sabor a desencanto.
Wag the Dog, traducida al castellano como La Cortina de Humo, cinta que recomiendo a todo aquel interesado, ya no sólo en Comunicación Política, si no en la comunicación en sí, muestra como un asesor político, Conrad Brean, (Robert de Niro) y un productor cinematográfico, Stanley Motss, (Dustin Hoffman) hacen creer a la práctica totalidad de la Humanidad que existe una guerra en Albania. Este conflicto bélico, por supuesto, inventado, se fragua con la finalidad de encubrir, de correr una cortina de humo, (precisamente), ante otro escándalo que podría dar al traste con la campaña electoral para la reelección del Presidente de los Estados Unidos.
Y la Opinión Pública responde en consecuencia.
No desvelo el final, invito a su visión y al análisis y al debate.
Por otro lado, seré yo ahora la que cuente un relato y explique, aderezadas con algunos tintes novelescos, las vicisitudes de un chino al que he decidido llamar Li. ¿El motivo? Muy sencillo, no recuerdo su nombre original. Lo que sí recuerdo es su historia, tan real como aterradora.
El chino Li era topógrafo y su empresa lo destinó a Estados Unidos, a Nebraska, por ejemplo.
Apenas hablaba inglés, pero tampoco era necesario para el desempeño de sus tareas.
Así que el chino Li se encaramó a una montaña con su teodolito a hacer su trabajo diligentemente. Con lo que no contaba el chino Li era que la Segunda Guerra Mundial iba a jugar un papel determinante en el proceso.
Poco antes de que el chino Li llegase a Nebraska, había tenido lugar el ataque nipón a las fuerzas estadounidenses en Pearl Harbor y los ánimos de los yankees estaban más que enfervorecidos y llenos de odio y rencor. Y alguien del pueblo próximo a dónde estaba trabajando el chino Li, lo divisó: Vio a un chino con un teodolito.
Acto seguido dio la voz de alarma: Había un espía japonés con un telescopio acechando a la comunidad. El rumor corrió como la pólvora, magnificándose al mismo ritmo que se acrecentaban el pánico colectivo y el sentimiento de supervivencia entre los habitantes del pueblo. Mientras tanto, el chino Li seguía haciendo su trabajo, ajeno a todo lo que sucedía a unos pocos metros de dónde se encontraba.
Los habitantes del pueblo se armaron y fueron a buscar al chino Li, que, apenas hablaba inglés, ni entendía lo que le preguntaban ni podía explicar a la turba que lo único que hacía era medir una montaña.
Este error casi lleva a la muerte al chino Li.
Estas dos historias, antagónicas y complementarias, resumen en unas pocas líneas, la importancia de la Comunicación en cualquiera de sus manifestaciones. Su estudio y análisis implica no sólo un reto, si no una magnífica herramienta que nos ayuda en el día a día. Conocerla aporta sentido crítico. Y el sentido crítico es la base de la senda de la verdad y la objetividad.
Y un último guiño.
Si Romeo y Julieta lo hubiesen tenido, y me refiero al sentido crítico, no hubiesen muerto y Verona se habría visto plagada de criaturas apellidadas Montesco Capuleto.
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Ángela Pol Villar
Licenciada en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid. Especialista en Comunicación y Gestión Política por la Universidad Complutense de Madrid. Especialista en Investigación Social Aplicada y Análisis de Datos. Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). |
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