Asociación de Comunicación y Estrategia Política
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El silencio en crisis
Barcelona, 10 de noviembre de 2009
Por Juan Milián Querol

La gente "teme el aislamiento más que el error", dejó escrito Alexis de Tocqueville. Callamos si creemos que nuestras opiniones son minoría en nuestro entorno o, directamente, nos amoldamos a la opinión mayoritaria. Adoptamos cualquiera de estas dos posturas a no ser que seamos un poco excéntricos. Es también la tesis de la politóloga alemana Elisabeth Noelle-Neuman en su obra La espiral del silencio. Opinión pública: nuestra piel social.

Actitudes como la de esconder nuestras auténticas opiniones crean ciertos problemas a los politólogos que analizan la realidad socio-política. Y es que la fuerza de la opinión pública sobre nuestras opiniones “públicas” altera muchas veces los resultados de los estudios demoscópicos. Los analistas conocen este efecto, razón por la cual en la “cocina” de los institutos de opinión al voto directo declarado se le aplica ciertos elementos de corrección. Así se proyectan unos escenarios algo más realistas.

En este sentido, el caso del Partido Popular es flagrante. El porcentaje de voto estimado suele ser sensiblemente más elevado que el directo declarado debido a la importancia del voto oculto. Es más evidente en el Partido Popular de Catalunya (PPC), y aún lo es más en épocas de fuerte animadversión de la opinión pública contra dicho partido. Recordemos las elecciones municipales del 2003, en plena guerra de Irak, cuando a un PPC con seis concejales en el Ayuntamiento de Barcelona las encuestas, incluso ya “cocinadas”, le daban una previsión de tres, cuatro como mucho, concejales. Finalmente, obtuvieron siete, uno más de los que ya tenían.

De todas maneras, la espiral del silencio o el “seguidismo” de las posiciones de la opinión pública no es un mal en sí mismo. De hecho, si todos y cada uno de los ciudadanos se rigieran por visiones de la realidad individuales y únicas, y no existieran, por lo tanto, ciertas normas sociales respetadas por una mayoría, viviríamos en una insufrible sociedad de locos. A pesar de ello, en muchas ocasiones hallamos ciertas espirales del silencio que, provocadas por una opinión pública basada en percepciones simplistas, conducen al odio entre comunidades o entre partes de una misma comunidad.

No es difícil ver una situación de este estilo en Catalunya. Aquí sufrimos una espiral del silencio, porque existe una realidad compleja escondida detrás de, o por, el discurso predominante. La opinión pública catalana se basa mayoritariamente en el eje centro-periferia, en el España vs. Catalunya, en el discurso nacionalista. Y cualquier discurso nacionalista es, por definición, simplificador de la realidad propia, pero también, y sobretodo, de las realidades ajenas. Se perciben las otras comunidades mucho más homogéneas que la propia. En realidad, la mayoría nos sentimos partícipes de diferentes identidades, pero los nacionalismos sólo nos permiten adscribirnos a una de ellas.

Los nacionalismos, como todo sistema de pensamiento colectivista, nos ayudan a sentirnos integrados en una comunidad, pero, aunque tengan puntos de contacto con la realidad, son simplificaciones de ésta, a veces falsas. Nos ayudan a pensar menos, ya que nos ofrecen un mundo menos complejo y una manera de formarnos opiniones rápidamente sobre cualquier tema con sólo un poco de información. Con el marco mental de “todo ellos son iguales y malos” y “todos nosotros somos iguales y buenos” no se necesita reflexionar mucho para tener opiniones sobre temas como el Estatut o la financiación autonómica. Demasiadas veces –una ya sería demasiado- las simplificaciones son utilizadas para enfrentar colectivos. Además, tienen como efecto pernicioso el silenciamiento de una parte de la propia población o de una adición falsa de ésta a tal pensamiento para evitar ser mal visto por los demás, que no es poco.

Llegados a este punto, cabe señalar que estos marcos mentales en la opinión pública y estos silencios, no son exclusivos de Catalunya. Cuando en el resto de España se elevan ciertas anécdotas sobre políticos catalanes a categorías sobre la condición catalana, también aparece una espiral de silencio, en la cual todo aquello que no sea un ataque a Catalunya parece sospechoso de connivencia con el nacionalismo catalán. En demasiadas ocasiones, otra vez, la opinión pública en el resto de España percibe Catalunya como una sociedad homogénea. En eso las dos visiones mayoritarias de la opinión pública –destaco, la pública-, española y catalana, coinciden.

Pero volvamos a nuestro objeto de análisis, la diferencia entre opinión pública y privada en Catalunya. ¿Por qué es interesante profundizar en el análisis de esta espiral del silencio? Porque va muy unida a la desafección política. De hecho, ambas se retroalimentan con mucha facilidad, aunque la desafección esté llegando a unos niveles tan críticos que puede provocar el estallido del silencio y mostrarnos, al fin, una realidad social latente hasta ahora.

La mayoría de los catalanes perciben que sus problemas reales poco tienen que ver con lo que explican los políticos o lo que se debate en los medios de comunicación, pero se ven incapaces de articular alternativas a ese establishment político-mediático. Los ciudadanos ven cómo los políticos utilizan muchas veces el eje centro-periferia, como señalaba anteriormente, y muchos percibimos que lo hacen para esconder problemas o realidades que deberían ser tratados en el eje izquierda-derecha, realidades o problemas socioeconómicos.

Algo de eso hay en Catalunya cuando el último Índice de Satisfacción Política es el más bajo desde que el Centre d’Estudis d’Opinió lo calcula. De hecho, hoy más de tres de cada cuatro catalanes están insatisfechos con la clase política. Sufren una diferencia entre su opinión y la pública representada por políticos y periodistas. A pesar de ello, de momento, callan y optan por cierta sumisión. Por ahora la opción “lealtad” supera a la “voz” o a la “salida”, por ponerlo en los términos utilizados por Albert O. Hirshmann. Sin embargo, pruebas de la existencia de esta espiral silenciosa hay muchas y las desgranaremos en próximos análisis. Simplemente tres apuntes:

  1. Las diferencias entre resultados electorales y encuestas indican la existencia de una espiral del silencio. Antes apuntábamos el caso del Partido Popular, en general, y en Catalunya en particular.
  2. Las mayor participación en las elecciones generales (dominio del eje ideológico) que en las autonómicas catalanas (dominio del eje centro-periferia) indica, en parte, una preferencia de la ciudadanía por los debates izquierda-derecha. También podría indicar que las generales se consideran más importantes.
  3. La aparición de partidos no tradicionales o asociaciones políticas como Reagrupament.cat, las CUP, UPyD, Ciutadans y Montserrat Nebrera (?) muestra, en cierta manera, la insatisfacción con el debate actual. También muestra un profundo descontento con el funcionamiento interno de los partidos y sus posibilidades de regeneración, pero esto ya es para otro análisis.

Acabar con la desafección política implica, al menos, acabar con la espiral del silencio instalada. Si se quiere superar la desafección política que vivimos en Catalunya, y PSC y PPC deberían ser los más interesados en ello desde un punto de vista estratégico, y por supuesto ético, es necesario otro tipo de debate. Para ello, el paso más importante sería un cambio en la agenda política y mediática, un desplazamiento del cleavage –eje de confrontación o línea de ruptura- dominante en la política catalana, a saber, un cambio del cleavage centro-periferia por el ideológico, izquierda-derecha.

La crisis económica y los casos de corrupción son una buena posibilidad para ello. Hoy la mayoría de los ciudadanos catalanes estarían más abiertos a debatir sobre medidas económicas que sirvieran para disminuir el paro, o sobre una nueva ley electoral o de financiación de los partidos, que a seguir con batallas sobre temas identitarios. De hecho, en el último barómetro de julio 2009 del Centre d’Estudis d’Opinió, el 52,9 % de los ciudadanos catalanes tenían como uno de sus principales problemas el paro y la precariedad laboral. El funcionamiento de la economía preocupaba al 20,5 %. Las relaciones entre España y Catalunya se situaban en un sexto lugar con sólo un 10,7 %.

Así pues, si se fortaleciera una agenda mediática basada en un debate riguroso sobre qué medidas pueden ayudarnos a salir de la crisis, si las socialdemócratas o las liberales-conservadoras muchos ciudadanos se verían, no sólo mejor representados por sus élites políticas, sino también más participativos y menos desafectos, que si el debate gira entorno de una lucha entre nacionalismos, de uno u otro signo.

Sin duda, en este análisis también habré caído en la trampa de los simplismos. Es imposible no caer en ella siendo la realidad mucho más compleja de lo que podemos abarcar, no ya en un análisis de tres páginas, sino en nuestras propias mentes. Sin embargo, espero que estas reflexiones sirvan para empezar a analizar, en este foro de e-Politicae, algunos de los simplismos de la opinión mayoritaria en Catalunya y en España.


Juan Milián Querol Juan Milián Querol

Licenciado en Ciencias Políticas y de la Administración por la Universitat Pompeu Fabra. Máster en Dirección Financiera y Contable de la Empresa por el IDEC. Miembro fundador de la Asociación de Comunicación y Estrategia Política (ACEP). Co-director de la consultoría en comunicación política West Wing Consulting. Editor de Editorial Episteme.

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