Vigo, 22 de diciembre de 2009
Por Ángela Pol Villar
En 1941, Frank Capra presentó una película que, a mi juicio, debe ser considerada un clásico del cine político, Meet John Doe, título traducido al castellano como Juan Nadie. Un polvorín que esconde, bajo una aparentemente inocente historia de amor, detrás de un tierno mensaje idealista y endulzado con un ensalzamiento de la capacidad de perdón y el valor del norteamericano medio, un retrato descarnado e incisivo de manipulación de la Opinión Pública a través de los medios de comunicación de masas.
El inicio de la cinta no puede ser más claro y premonitorio: Un operario aparece cambiando el nombre de un periódico en su sede. A machetazo limpio elimina: “The Bulletin: Prensa libre significa gente libre” para sustituirlo por un simple: “The New Bulletin.”
Este escaso minuto de metraje da pistas para lo que se verá a continuación: el cambio de política de un medio de comunicación que comienza una criba de periodistas que no responden a lo que se espera desde las nuevas directrices impuestas desde la cúpula, reducidas principalmente al incremento de los beneficios.
Ann Mitchell, una joven periodista que necesita el dinero, va a ser despedida porque sus artículos no “contienen fuego”. ¿Y qué es fuego desde este punto de vista? Fuego es crear historias rocambolescas, elaborar personajes con tirón mediático y redactar mensajes más agresivos que objetivos, capaces de generar compradores, no lectores responsables. Ante el riesgo de perder su empleo, la periodista "escribe fuego", e inventa la carta de un tal John Doe que, ante su situación desesperada y la falta de valores de la sociedad estadounidense, amenaza con tirarse de la torre del ayuntamiento el día de Navidad.
Y el fuego prende. La gente se lo cree, al tiempo que comienza a escribir a los medios exigiéndoles un empleo para el potencial suicida.
Ese es el primer mensaje de Meet John Doe: Vende más una mentira que apela a las emociones que un periodismo objetivo y aséptico.
Mientras John Doe sigue siendo una entelequia incorpórea, se suceden las manifestaciones a favor y en contra, enfrentamientos entre los medios de comunicación, incluso la opinión pública que se resquebraja. Se vuelve necesaria una compleja y arriesgada maniobra de búsqueda pública de John Doe. El engaño surte el efecto deseado y miles de indigentes aparecen en la puerta del periódico mintiendo sobre su identidad con el fin de obtener un empleo.
Segundo mensaje de Meet John Doe: El que ostenta el poder se apoya en las necesidades y debilidades de los menos favorecidos para conseguir lo que quiere.
El siguiente paso es escoger entre los miles de aspirantes a un simple puesto de trabajo aquel que encarne al perfecto John Doe, definido textualmente desde el periódico como: “El americano típico, que pueda tener la boca cerrada.” Y ahí hace su aparición Gary Cooper, el buen chico, humilde, guapo, confiable, un antiguo jugador de baseball cuya carrera fue truncada por una lesión. El perfecto John Doe, que acepta el engaño porque necesita comer.
A partir de ahí, la historia avanza por caminos hasta cierto punto previsibles. No obstante, nos reserva momentos magistrales como el nacimiento del orador, del líder carismático que se crece al ver la respuesta de su gente, siendo consciente, por vez primera, de la importancia del movimiento social que al que ha dado lugar con su fraude.
Y aquí se establece una contradicción entre realidad y ficción, entre lo emocional y lo políticamente adecuado, entre la responsabilidad del individuo como ciudadano y la tentación de las mieles del éxito, entre la honradez basada en una falacia y la falacia que crece desde la honradez. Entre hacer lo incorrecto, fomentando una esperanza, o seguir adelante con lo que la propia ética indica, provocando una desilusión.
Meet John Doe también refleja a la perfección el tándem entre el líder y el speechwriter.
La unión de Ann Mitchell (Barbara Stanwyck) y John Willoughby (Gary Cooper), alias John Doe, supone una perfecta máquina, naturalmente engranada per se, para influir en la opinión pública. Es la comunión fetén entre una mente aguda y el físico adecuado para transmitir un mensaje concreto. La sinergia generadora de votos, de poder, el caramelo que todos los partidos políticos querrían tener en el bolsillo o en la recámara, el as en la manga inesperado.
Meet John Doe plasma la evolución del muñeco de paja hacia el personaje consciente de su importancia en la historia. Lo mismo que su caída cuando deja de resultar rentable.
Destaca también la escena del mitin final, perfecto ejemplo de espiral del silencio.
Por todo ello, la sugerencia del análisis de Meet John Doe como inicio de un foro de Cine y Comunicación Política resulta interesante desde todos los puntos de vista. Invito a su visión y a comentar la totalidad de los recursos comunicativos que aparecen en la cinta.
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Ángela Pol Villar
Licenciada en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid. Especialista en Comunicación y Gestión Política por la Universidad Complutense de Madrid. Especialista en Investigación Social Aplicada y Análisis de Datos. Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). |
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